Tus manos entre las mías
La historia siempre estuvo escrita de esa manera. El final apuntaba a que no era feliz.
Dos amigos que alguna vez se cruzaron por la vida y que, según contaba el narrador, se gustaban de algún modo especial. Miradas dulces, abrazos discretos y manos que se entrelazaban tiernamente, daban cuenta de una fina línea que ninguno de los dos se atrevía a cruzar (si la historia la escribo yo, ellos se fundían en un amor idílico y perfecto).
Nunca pasó más allá de una estúpida amistad temerosa, donde el ser más que amigos no era parte del plan. Ella llegó a pensar por años el "qué hubiese pasado si...".
Y pasó el tiempo, vinieron nuevas vidas y temporadas de la loca serie de la vida. Pasó bastante, demasiadas vueltas al calendario para recordar. Y el destino o la tragedia los volvió a reunir.
Era lindo ver lo que se decían, recordando algunos detalles graciosos y otros banales de tonterías de adolescencia. Pero siempre volviendo al sentimiento latente que había en ese entonces y que ninguno de los dos se atrevió a decirle al otro.
Pero ya fue... eso decían. Ya fue y el tiempo no se deshace con solo quererlo. Ojalá se pudiera, porque hace 20 años sería más fácil. Hace tantos años... habría sido.
¿Qué más da? Ya no se pudo, pero la amistad puede volver a florecer. Lo intentaron y fue mágicamente lindo, hermoso, sublime. A través de una pantalla y de varios kilómetros, dos corazones latían con ternura y emoción. ¿El destino quería eso? Tal vez. O es la teoría de que las situaciones buenas vienen para terminar mal.
Claro que seguían habiendo sentimientos que no eran amistad. Dos amigos no se pueden querer tanto para que se considere normal. Él le dijo que la quería mucho y ella le correspondió. Ya no eran amigos, eran bebé y cosita. ¿Pero por qué no se dieron cuenta de que estaban yendo directo al infierno? Sus corazones estaban cegados y no veían a nadie más.
Se preguntarán por qué no podían estar juntos. En esta historia no eran solo ellos dos, había más vidas y habría sido muy egoísta pensar solo en ellos. Por eso, siguieron su amistad, pero a veces se olvidaban de que eran amigos y la ternura se apoderaba de ellos... y algo más.
Ella siempre estuvo para él, o al menos mientras duró este reencuentro. Que fue poco. Pero siempre estuvo, sobre todo cuando él estaba mal, en sus peores momentos. Sentía ella que su corazón se rompía si él estaba sufriendo y lloraba sin decirle. Se acostaba pensando en él y al levantarse su rostro era lo primero que se le venía a la mente. Tampoco quería aparecer en su vida todos los días ni mucho menos ser una molestia. Por eso la culpa siempre estuvo presente y le quemaba, le quemaba, le quemaba.
Y como dijimos en principio, esto no terminó bien. Fue lindo, fue hermoso, fue sublime. Ella hasta pensó en dejarlo todo. Él no sabemos, el narrador la conocía más a ella.
Llegó el día en que ambos quisieron poner un límite (que ya se había traspasado hace rato). - Te suelto. - Te entiendo. - Tengo pena. - Sigamos en contacto. - No puedo. - Te necesito.
Se volvió a intentar (la amistad), pero es increíble cuánto cuesta seguir si hay otros sentimientos en juego. - Mejor me alejo. - Pero yo quiero ser tu amigo. - Es lo mejor. - Te entiendo, gracias por estar cuando más lo necesité...
Ella sintió la fuga agónica, como si se tratara de un monitor de latidos cardíacos. ¿Era su corazón el que se estaba quedando en pausa? Parece que sí, porque de nuevo sentía ese nudo en la garganta y las ganas irrefrenables de llorar. Y lo hizo, ciertamente. Ese día lloró como si una cascada estuviera naciendo desde dentro de ella. Y fue difícil explicarle a quiénes la veían cuánto dolía esta vez. Porque parece que ahora sí era definitivo. Al tener el libro en la mano se sentía perfectamente que solo quedaba una página. Y se asumía que al dar vuelta se iba a leer el fatídico Fin.
Ella es fuerte, le dicen siempre. Pero no lo es. Se quiebra, se ha quebrado durante todo este tiempo por él. Quiere ayudarlo en lo que sabe que él necesita y no puede. Hay ciertas cosas que no están en sus manos, pero cuánto daría por verlo bien. Tal vez por eso ella se quiso alejar, tal vez pensó en que ella le estaba haciendo daño. Es difícil saberlo cuando la historia ya se terminó.
¿Una segunda parte? No lo creo. El narrador ya lo dijo todo y los protagonistas tuvieron bastantes páginas para torcerle la mano al destino. Ella se quedó llorando en la página final, mojando los puntos suspensivos de una historia donde los límites que se cruzaron fueron la puerta a la perdición...




Comentarios